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Hacer memoria, hacer justicia: Nos nos moverán (2025)

Y por ahí andamos cargando los fantasmas de nuestros muertos,

lo fantasmas de nuestros escasos traidores, los fantasmas de nuestros suicidas”

–68, Paco Ignacio Taibo II–

La ópera prima de Pierre-Saint Martin brilla con diez nominaciones en la próxima entrega 67 de los premios Ariel, entre ellas en la categoría de Mejor Película,  Mejor Guión Original y Mejor dirección Con una historia bien sintetizada e imágenes que se mueven entre claroscuros, No nos moverán resalta por su capacidad de traer de vuelta una de las heridas más profundas del México contemporáneo: la masacre estudiantil del 68, un suceso que marcó un precedente y llevó -entre otros- a la construcción del imaginario colectivo de resistencia estudiantil y que dejó claras, de forma violenta y cínica, las consecuencias de la política más burda y sucia que hoy en día permanece.

Si bien tenemos ya una filmografía basta sobre aquel suceso. que van desde las recopilaciones de primera mano de El grito (1968), los testimonios de Tlatelolco, verano del 68 (2013), algunas ficciones como Borrar la memoria (2010), Rojo Amanecer (1989) e incluso Los parecidos (2015), que muestran sus daños colaterales durante y después de aquel acontecimiento; No nos moverán hace lo propio construyendo su retrato de una forma original: mostrando las heridas abiertas de alguien a quien le arrebataron a su familia, de quien sufre una vida marcada por la tragedia, el dolor y la frustración.

Así conocemos a Socorro, una abogada solitaria que busca por todas las vías vengar la muerte de su hermano que fue asesinado en aquella fatídica tarde. Agotando todos sus recursos en un sistema que de por sí es corrupto, logra dar con el contacto del militar que lo mató y emprende un plan macabro para tomar justicia por su propia mano. Con un humor negro y un fiel escudero que evoca a Sancho Panza contemporáneo llamado Siddartha (quien le debe fidelidad y más aun, la libertad) nos hace un viaje introspectivo en la memoria de una hermana que ha estado toda su vida sufriendo los estragos de un sistema que arrebató miles de vidas y que hoy día no se resigna a esclarecer aquellos hechos.   

En un contexto como este, las preguntas sobre la posibilidad de “seguir adelante” sin hablar de la verdad siguen vigentes, suponiendo que basta con no mirar atrás y deslindarse de una realidad cruel cuyas reminiscencias cobran factura en el hoy.  

Si hay algo que nos debe quedar claro es que los estragos se viven de formas diversas en especial cuando parece que no hay justicia que se pueda obtener en un país que mata, que tortura y desaparece personas. El retrato de una de tantas de ellas se nos regala en un filme como este, con aciertos no sólo en el sentido estético sino también narrativo.

Puntuación: 3 de 5.

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Fernanda Rojas

Una mirada antropológica al cine: el trabajo, la memoria, las desigualdades y las vidas que habitan la pantalla.

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